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10.11.11

para reconstruir el imperio austrohúngaro es mejor esperar a medianoche.

Atardeceres ibicencos a orillas del puerto que huelen a caricias en la espalda y cigarrillos a medias.
Promesas que se escapan tras nubes de color naranja violáceo y vuelven convertidas en besos de buenas noches que no se pueden robar.
Un vestido que se mueve a ritmo de jazz y brisa marina, manos que se entrelazan por casualidad, una camisa de cuadros que se esconde detrás de un gin-tonic en copa de balón... Y mil "porsiacasos" en la recámara.

26.4.11

Madrid

Recuerdos de noches imposibles
vagar sin rumbo mientras
pierdo la cuenta de las estrellas
de la capital
el típico juego del café
detener el reloj a todas horas
y a ninguna
motor del sentimiento
triple inyección turbo
desnudarse la primavera
bendita metáfora nocturna
bajar Gran Vía
al ritmo de "Sweet home Alabama"
dos más dos son cuatro
con o sin telón
armonía de pequeños grandes momentos
que echaron a correr
a la altura del Capitol.

11.1.11

La cocina de Eric

Me llamo Marina y por ahí dicen que soy una llorica. No es que me enorgullezca de ello, pero es imposible combatir a los bigotes de leche que se sientan en la última fila de mi clase de mates. Me gusta coleccionar cosas, desde gomas de borrar hasta cromos de futbolistas. Pero nunca llego hasta el final.
Hoy es un día de esos gris bonito: gris porque el cielo quiere obligarme a tener cara de pomelo y bonito porque Eric me ha invitado a desayunar. Eric está muy guapo con barba, pero no se lo digáis que él es muy de creérselo sólo para hacerme la puñeta.
Estamos en su cocina... Me gusta su cocina: está toda decorada en verde y blanco y tiene dos fotogramas de Taxi Driver pegados en la nevera. Tengo delante de mí un bol enorme de fresas con leche condensada, que sabe que me encantan. Él, para variar come cereales, de esos que son bolitas de chocolate... Y cuando se cree que no me doy cuenta, intenta colarme alguna por el escote.
Hace tiempo que he empezado una nueva colección: me estoy aprendiendo su magia por fascículos. Pero no quiero contárselo aún, por miedo a que piense que no voy a terminarla.

Ahora que no me mira... ¿Se lo digo? ¿O no? ¿Y si se enfada conmigo por no habérselo contado antes? Bueno, da igual, si hasta cuando se enfada está guapo...


-Eric... ¿Te puedo pedir una cosa?
-Lo que quieras.
-Es que... Estoy coleccionándome tu magia, y los únicos fascículos que me faltan son "Maratón de Saw en mi sofá mientras me repites una y otra vez que te encanta besar a las chicas miedicas" y "Cena donde sea sin relojes ni móviles". ¿Crees que podrás hacerlo?
-Palomitas dulces y cocino yo, ¿hecho?
-Hecho.

22.12.10

Tal cual.

Es una tarde de domingo en la que podría ser cualquier restaurante del centro: fuera está nevando, mientras Laura y Pablo "comparten" una pizza de pepperoni con extra de queso (lo pongo entre comillas porque Laura está nerviosa, y cuando está muy nerviosa le da por comer, con lo cual... Compartir, lo que se dice compartir... Pues poco).

-Tenemos que hablar.
-¿Qué paaaaaasa, Lauri?
-Es que... Tengo que decirte una cosa pero no sé como decírtela porque no sé si te va a sentar bien.
-¿Cómo que no? Si es por el pizza, no te preocupes, eh. Ni que yo fuera un enfadica de esos, jolín.
-A ver... ¡Pero no frunzas el ceño ya, que no he dicho nada todavía! Bueno... Sí, enfádate un poquitín si quieres, ¡que estás muy guapo!
-¡Laaauri!
-Mmm... A ver... Cómo te lo diría yo... ¿Es que sabes qué pasa? Eres como los agujeros del emmental: pienso que no te necesito, pero si no estás, no es lo mismo... No sé si me entiendes... ¿Qué?
-Que te pases a la mozzarella: no tiene agujeros.
-

9.12.10

abecé

Arriba

Bonito

Cosquillas

Difícil

Esperar

Farol

Gigante

Heridas

Imaginarte

Julio

Knock-out

Ley de gravitación universal

Mágico

Nariz

O tú o yo

Pensar demasiado

Quiero y no puedo

Rusia

Susurros a medianoche

Tonto

Unión indestructible

Ver (te)

When I'm gone

X si acaso

Zumo de naranja de buena mañana.

1.10.10

Como idiotas

Era una tarde cualquiera de finales de mayo, con la típica lluvia tonta inglesa que cae sin que te des cuenta. Cuando llegamos al Millenium Bridge, ya estábamos empapados como idiotas. "Mira a lo lejos", me dijiste. "Vámonos a casa, Steve, me muero de frío"."Mira hacia el fondo, ¿ves el final del Támesis?" Para variar, eres la única persona en el mundo en la que encuentro irresistible que no me haga ni puñetero caso. "No, no puedo verlo. ¿Por?" "Por nada... Sólo quiero que seas como el Támesis... Sólo quiero que no te acabes nunca".