14.4.14

Luxación.

Se dejó morir a las 5:23
justo antes de que pasara el camión de la basura
y justo después
del último orgasmo que no supo fingir.

Justo antes
de sudar dos vidas enteras
y justo después
de fundirse la lamparita que comprasteis
la última vez que estuvisteis en el IKEA.

Era del tipo de chicas
que miraban como si ya
lo hubiesen visto todo antes y,
sin embargo,
parecía que quería huir continuamente.

Llegó a su vida
un poco antes de lo previsto,
se quitó las zapatillas en la puerta
y entró de puntillas
para no despertar en él algo
de lo que después pudiera arrepentirse.

Y es que para quitarse las lentillas,
el sujetador
y los prejuicios hacía falta esforzarse
un poco más.
Pero todo es cuestión de práctica.

El boli Bic y la cinta de cassette servían
de metáfora perfecta
a su compenetración,
generalmente después de una bronca
por haber estrujado
el tubo de pasta de dientes:

cuando uno se sale de su sitio
necesita que el otro dé vueltas sobre el mismo punto
para que todo vuelva
a la normalidad.

Como cuando te dislocas el hombro
tras un movimiento brusco.
Pues lo mismo con su corazón.

Y aun así, la chica que se dejó morir
a las 5:23
sigue dejando que la quieran.

Qué pedazo de puta.

23.3.14

Réquiem por una querencia esquelética.

Hazte así
que se te ha metido
una sombra en el abrazo
un par de excusas en el bolsillo de atrás
y un resquicio de mentira entre las manos.

Para mí el domingo
era siempre que te ibas
pero era el domingo más guapo del mundo
porque sabía que tarde o temprano
volverías.

Pero ahora es distinto:
hay poesía en la calle
y la lluvia se me ha metido tan dentro
que hasta ha dejado de doler.

Maldita resaca sentimental
que consiste básicamente en
abrirme de piernas lo antes posible
para cerrar tu herida de 1'80 m
por la que nunca pedí sangrar.

Y es que cualquier colchón
ha dejado de ser casa
si no estás tú,
desnudo,
esperándome para corrernos
un par de maratones.

Porque la vida era
contar tus pecas después de cada polvo,
descontarme
y volver a empezar.

Y ahora la muerte será
encontrarte
en cualquier garito inmundo
cada vez que suene Platero.

3.3.14

La parábola de los cobardes tan hiperbólicos que se creían valientes.

Pongamos que éste es el primer día
de nuestra última oportunidad
para saltar charcos como si nos fuese la vida
para llovernos con el paraguas de tu abrazo
para llorarle a ese miedo que ya se ha cansado
de ser hijo único.

Tienes unas manos perfectamente diseñadas
para fundirnos con cada una de las farolas de Gran Vía
cuando la noche se viste de largo
y sólo nos interrumpe el sonido de mis peros.

Nunca he sido chica de excusas
no tengo porqué darte explicaciones
son esa clase de gilipolleces que se hacen
para impresionar... En este caso impresionarte.
Y de paso cagarla la mayoría de las veces.

Hace frío y no llevas chaqueta
supongo que te la habrás dejado en el último garito
pero tu orgullo idiota te impide admitir
que quizás la tomó prestada algún machito aún más idiota que tú.

Te brillan los ojos
y creo que los tienes más grandes que nunca
porque esconden tantas ganas y verdad
que ya no sé si son tuyas, mías
o es que aún voy un poco ciega.

Pasamos por delante de una pizzería 24h
y antes de que pueda ni siquiera hablar
ya has pedido por mí
y cómo me encanta saber que no has olvidado
que odio el roquefort.

Bien por ti
porque no hubiese querido
tener que mandarte a tomar por culo
después de cuatro gin-tonics
no sé cuántos versos
y muchas ganas de pedirte que
subas a casa a tomarte el último.

Sé que es esa maldita cara que tienes
de conato de Big-Bang emocional
que da ganas de quererte hasta el último día
y aísla el miedo a la pérdida.
-Por inminente que sea-.