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24.10.10

Y es que el globo si lo inflas mucho al final explota.



Cuando hablamos de olvidar a algo/alguien, se puede empezar por cerrar los ojos (o tapártelos, las dos opciones son válidas). La ceguera temporal voluntaria en casos de decepción suele dar buen resultado. Un plantón tras otro. Y es cuando empiezas a intimar con el buzón de voz. Llegan los "ya te llamaré" o "hablamos pronto", en cualquiera de sus variantes; tú lo achacas a incompatibilidad de horarios. Pero las redes sociales hablan por sí solas: de una amistad a prueba de bombas, ya sólo quedan los huesos. De la impotencia que da saber que todo este tiempo no sirvió de nada. Ver recuerdos fundiéndose en el culo de un mini de cali con mora... Hasta convertirse en nada. Pero aún así, tragas. Y le preguntas qué tal van las cosas, y dices de quedar, y nada. Y otra vez igual. Sólo queda esperar a que te canses de mirar, y empieces a ver.
Y es que el globo, si lo inflas mucho, al final explota.

10.6.10

Nada es lo que parece.

Esa sensación.

Otra vez.

Improperios perfectamente masticados que se resisten a una digestión mundana.
Sonrisas fáciles en su momento, pálidas amigas ahora.
Verdades como puños. Brindemos en el mismo bar de siempre.
Ese gritar inútil.

Viene.

Es una sensación nueva.
La de ver tu vestido de pseudoprincesa cubierto de vómito impropérico.