27.5.14

El príncipe.

El príncipe campa a sus anchas
desde Huertas a Malasaña,
dejándose la dignidad
en plena Gran Vía.

Bebe cerveza a morro,
escucha pop deprimente
y todo
lo que sabe de las tías
lo aprendió
viendo "Sexo en Nueva York".

Cuando piensa
que nada puede ir a peor
se encierra en los baños del Vía Láctea
a echar un polvo
con la primera tonta
con vestido de flores que se haya dejado
las bragas en casa.

El príncipe tiene cara de 
"nena, voy a romperte
el corazón
todos los días del resto de tu vida"
y cuerpo de haber ganado
mil guerras
en colchones de dudosa reputación.

Las ganas se le escapan 
por la bragueta,
porque nunca supe 
si tenía más de cantautor
que de problema.

Si le concedo una tregua
al compás de mis hormonas
quizás logre
cagarme en la puta
por no haberle conocido antes.

Yo antes era capaz
de bajar Carretas subida al caballito 
de cualquier desconocido,
de beber tequila sin haber cenado
y de leer a Escandar 
tras cada nuevo fracaso.

Ahora no.

Desde aquella maldita noche
en el Vía Láctea
sigo buscando mi alma
en el culo de cualquier cerveza.

Si la encuentran...
Pueden quedársela: ya no la necesito.

14.4.14

Luxación.

Se dejó morir a las 5:23
justo antes de que pasara el camión de la basura
y justo después
del último orgasmo que no supo fingir.

Justo antes
de sudar dos vidas enteras
y justo después
de fundirse la lamparita que comprasteis
la última vez que estuvisteis en el IKEA.

Era del tipo de chicas
que miraban como si ya
lo hubiesen visto todo antes y,
sin embargo,
parecía que quería huir continuamente.

Llegó a su vida
un poco antes de lo previsto,
se quitó las zapatillas en la puerta
y entró de puntillas
para no despertar en él algo
de lo que después pudiera arrepentirse.

Y es que para quitarse las lentillas,
el sujetador
y los prejuicios hacía falta esforzarse
un poco más.
Pero todo es cuestión de práctica.

El boli Bic y la cinta de cassette servían
de metáfora perfecta
a su compenetración,
generalmente después de una bronca
por haber estrujado
el tubo de pasta de dientes:

cuando uno se sale de su sitio
necesita que el otro dé vueltas sobre el mismo punto
para que todo vuelva
a la normalidad.

Como cuando te dislocas el hombro
tras un movimiento brusco.
Pues lo mismo con su corazón.

Y aun así, la chica que se dejó morir
a las 5:23
sigue dejando que la quieran.

Qué pedazo de puta.

23.3.14

Réquiem por una querencia esquelética.

Hazte así
que se te ha metido
una sombra en el abrazo
un par de excusas en el bolsillo de atrás
y un resquicio de mentira entre las manos.

Para mí el domingo
era siempre que te ibas
pero era el domingo más guapo del mundo
porque sabía que tarde o temprano
volverías.

Pero ahora es distinto:
hay poesía en la calle
y la lluvia se me ha metido tan dentro
que hasta ha dejado de doler.

Maldita resaca sentimental
que consiste básicamente en
abrirme de piernas lo antes posible
para cerrar tu herida de 1'80 m
por la que nunca pedí sangrar.

Y es que cualquier colchón
ha dejado de ser casa
si no estás tú,
desnudo,
esperándome para corrernos
un par de maratones.

Porque la vida era
contar tus pecas después de cada polvo,
descontarme
y volver a empezar.

Y ahora la muerte será
encontrarte
en cualquier garito inmundo
cada vez que suene Platero.