16.2.11

A veces, siempre, nunca.

Ir de miedicas en horario londinense
ser el que duele una hora antes
miradas al horizonte en viajes largos
arrepentirse cuando es demasiado tarde.

Errores de cálculo sin decimales
no puedes descruzar la meta
mejor no hacer tachones
a dos kilómetros de Marte.

Disfraces a precio de saldo
ser cobarde o despegarte
hacer que no somos
nunca fue tan fácil.

Carnaval de mentiras recónditas
grados que se te meten en las entrañas
hacerse grande de repente
fortaleza regalada en las máquinas.

12.2.11

Remedios de la abuela

En el primer cajón de la mesita de noche guardo una caja de cafinitrinas, para tomarme una o dos cada vez que nos busquemos, que tengo el corazón desacostumbrado a sentirse tan vivo, y con poco que lo use me duele.
Ah, y en el segundo guardo un tubo de pegamento extra-fuerte... Por si algún día se nos ocurre rompernos.

8.2.11

Salvado por la campana (y nunca mejor dicho)

Que te regalen un billete de ida es un lujo. Recomendación: no perder el tren. O, en su defecto, ir en bici, comunmente conocido como "recular". Cuesta más, pero como dijo Coldplay "nobody said it was easy".

A Eric le costó entenderlo. Mientras , esperaba sentado en la barra de la cocina americana a que Marina terminase de gratinar los macarrones con su salsa secreta de queso y pimienta (bueno, secreta "secreta" ya no era, el copyright venía por lo menos de la bisabuela de Eric).

- No hace falta que estés mirando el horno como si no hubiera un mañana, eh. ¡Los macarrones no se escapan!- dijo él.
- Me encanta ver cómo se funde el queso... Me relaja.

Marina había respondido sin ni tan siquiera apartar la vista del horno: tan sólo se tocaba el lóbulo de la oreja insistentemente, como cada vez que esperaba algo con impaciencia.

- Eric... No sé ir en bici. ¿Me enseñas?
- Claro... Juntos será más fácil.